¿Has practicado yoga y no te convenció? Tal vez no era tu estilo de yoga o de profe.

¿Crees que es “demasiado lento”? Depende del tipo de yoga, te invito a probar una clase de power, rocket o ashtanga y nos cuentas 😉

¿Crees que para hacer yoga necesitas ser flexible? No! Es a través de la práctica constante que podrás trabajar la flexibilidad y conseguir esa elasticidad que creías imposible.

¿Piensas que debes dejar la mente en blanco? Imposible, lo que debes hacer es seguir las instrucciones, escuchar a tu cuerpo e ir a tu nivel. Lo único que debes procurar dejar por fuera de la esterilla son las preocupaciones.

¿Eres de los que piensa que jamás conseguirá esas posturas? No pasa nada si no las consigues, siempre habrá una versión adaptada a tu nivel y posibilidades.

A continuación, te compartimos 10 motivos para unirte a esta práctica milenaria llena de beneficios:

  1. Porque es para todos, es una práctica que no discrimina.
  2. Porque es para todo, no solo trabajas la parte física, si quieres, puedes ir “más allá” y trabajar también la mente.
  3. Porque existen diferentes tipos de yoga, para todos los gustos, seguro hay uno para ti.
  4. Porque puedes practicarlo desde cualquier lugar y en cualquier momento.
  5. Porque cada postura tiene diferentes versiones, que se adaptan a cada nivel.
  6. Porque si eres constante, ves los avances y resultados rápidamente.
  7. Porque esa hora de práctica se convierte en tu espacio sagrado, en el que te desconectas, te concentras en el momento presente y te olvidas de todo lo que ocurre a tu alrededor.
  8. Porque aprendes a controlar tu respiración, de tal manera que se convierte en tu mayor aliada para calmar la mente, mantenerte y fluir entre las posturas.
  9. Porque cada postura tiene beneficios específicos para trabajar fuerza, flexibilidad y balance, además de ampliar tu rango de movimiento y trabajar la concentración.
  10. Porque la práctica termina con unos minutos de relajación que te proporcionan paz, te invitan a reflexionar y sacar grandes aprendizajes.

Yo empecé a practicarlo hace más de 10 años, lo hice por curiosidad, quería ver cómo era una clase de yoga, saber qué pasaba ahí dentro y por qué la gente se “enganchaba tanto”. En ese entonces quería hacer ejercicio, pero me faltaba motivación para ser constante, así que decidí proponérselo a dos amigas/vecinas. Fue así como convertimos la “pereza” de hacer ejercicio solas, a un “planazo” con amigas. La constancia fue surgiendo gracias a la compañía y a ver los avances rápidamente. Desde ese entonces no he vuelto a parar.